Diego Delgadillo AlvarezA01089909
Gracias a nuestra mente formulamos e interpretamos las ideas en nuestro esquema del conocimiento. Para esto entran los “objetos” ubicados dentro del cosmos, pueden ser tangibles o intangibles a nuestros sentidos. Estos objetos guardan un significado específico, determinante en la forma de razonamiento de cada una de las personas; el nivel de importancia varía según la prioridad que le demos. Normalmente la mente almacena permanentemente aquellos conceptos que son claves o utilizables para el trascurso de la vida, aún así, hay ideas que se van desechando conforme dejen de usarse, mostrando así, otra razón por la que no poseemos una mente infinita.
Nosotros, a diferencia de otros seres vivos, contamos con una mente que nos ayuda formular ideas, en base a las experiencias que vivimos cada día. Este proceso ha presentado cambios a través de los años, debido que se van encontrado nuevas formas de explicarlo. No ha existido en el mundo, un solo caso donde un ser humano sea capaz de recordar cada momento a tal fecha, tal lugar, y tal tiempo. No ha habido alguien que nazca y sepa que era lo que hacía antes llegar a la vida. No habido quien haga una predicción exacta de dónde estarás dentro de 50 años. Y es que nadie de nosotros ha llegado a tener la convicción de un personaje entero en el conocimiento, porque simplemente, ser perfecto no es la naturaleza del ser humano
Un mundo que sigue... nosotros no.
El proceso del conocimiento está en constante cambio a través de los años, y sobretodo hoy en día que el ser humano ha alcanzado estándares de conocimientos nunca antes vistos. Pero aunque se hayan logrado grandes cosas, el límite del conocimiento jamás (y de ninguna forma) será encontrado. ¿La razón? El mundo seguirá en constante cambio. Nuevas ideas y metodologías saldrán para ese entonces, y seguirá de esa forma hasta que el planeta tenga su fin… mas nosotros ya no viviremos para percibirlo. Aunque nadie logre adueñarse del mundo y conservar sus ideas, debemos guardar aquellas que puedan liderarnos a nuevos caminos, aún no percibidos por el ser humano. Este es un principio, válido y verdadero, de los antiguos pensadores escépticos.

¿Cómo se adquiere el conocimiento?
Gracias a nuestra mente formulamos e interpretamos las ideas en nuestro esquema del conocimiento. Para esto entran los “objetos” ubicados dentro del cosmos, pueden ser tangibles o intangibles a nuestros sentidos. Estos objetos guardan un significado específico, determinante en la forma de razonamiento de cada una de las personas; el nivel de importancia varía según la prioridad que le demos. Normalmente la mente almacena permanentemente aquellos conceptos que son claves o utilizables para el trascurso de la vida, aún así, hay ideas que se van desechando conforme dejen de usarse, mostrando así, otra razón por la que no poseemos una mente infinita.
Seres únicos y racionales
Nosotros, a diferencia de otros seres vivos, contamos con una mente que nos ayuda formular ideas, en base a las experiencias que vivimos cada día. Este proceso ha presentado cambios a través de los años, debido que se van encontrado nuevas formas de explicarlo. No ha existido en el mundo, un solo caso donde un ser humano sea capaz de recordar cada momento a tal fecha, tal lugar, y tal tiempo. No ha habido alguien que nazca y sepa que era lo que hacía antes llegar a la vida. No habido quien haga una predicción exacta de dónde estarás dentro de 50 años. Y es que nadie de nosotros ha llegado a tener la convicción de un personaje entero en el conocimiento, porque simplemente, ser perfecto no es la naturaleza del ser humano
Un mundo que sigue... nosotros no.
El proceso del conocimiento está en constante cambio a través de los años, y sobretodo hoy en día que el ser humano ha alcanzado estándares de conocimientos nunca antes vistos. Pero aunque se hayan logrado grandes cosas, el límite del conocimiento jamás (y de ninguna forma) será encontrado. ¿La razón? El mundo seguirá en constante cambio. Nuevas ideas y metodologías saldrán para ese entonces, y seguirá de esa forma hasta que el planeta tenga su fin… mas nosotros ya no viviremos para percibirlo. Aunque nadie logre adueñarse del mundo y conservar sus ideas, debemos guardar aquellas que puedan liderarnos a nuevos caminos, aún no percibidos por el ser humano. Este es un principio, válido y verdadero, de los antiguos pensadores escépticos.

“Pensar es, por supuesto, la forma en que el cerebro se gana la vida.”
(Shan Begely)
Bibliografía
Buss Mitchell, Helen. Raíces de la sabiduría. 4ta Edición. México: Thomson, 2006.

